Coriolano en la política: apropiaciones ideológicas y usos estratégicos del poder

Desde su aparición en las Vidas paralelas de Plutarco, la figura de Cayo Marcio Coriolano ha sido moldeada según las necesidades políticas de cada época. Más allá del relato histórico de un general romano, su personaje ha servido como espejo, advertencia o emblema según el régimen que lo invocaba. La instrumentalización de su historia revela tanto los miedos como los ideales de las clases dominantes.

La invención cortesana: Francia del siglo XVI

En 1559, Jacques Amyot tradujo al francés las Vidas de Plutarco por encargo del rey Enrique II. Este acto editorial no fue inocente: buscaba presentar modelos de virtud política acordes al ideal monárquico. En ese contexto, Coriolano, un noble traicionado por el pueblo, encarnaba la figura del héroe leal a los valores aristocráticos frente al caos de las multitudes.

La traducción de Amyot idealiza la figura del general romano como paradigma de obediencia, orden y deber. De esta forma, Coriolano fue adaptado a la lógica cortesana del Antiguo Régimen: un hombre íntegro incomprendido por una masa inconstante, útil para justificar el orden jerárquico frente a las primeras tensiones sociales de la modernidad.

Instrumento del conflicto político: Inglaterra isabelina

En 1579, Thomas North traduce al inglés la versión de Amyot. Su texto será la fuente que William Shakespeare utilice entre 1608 y 1611 para escribir Coriolanus. En plena tensión entre el poder monárquico y el ascenso parlamentario, la obra cobra un carácter ambivalente. Coriolano es al mismo tiempo un defensor del orden y un arrogante enemigo del pueblo.

La Inglaterra isabelina, marcada por las luchas religiosas y las disputas de poder, encontraba en esta tragedia un campo de reflexión. Los sectores conservadores veían en Coriolano un símbolo del deber y la disciplina; los sectores más liberales lo interpretaron como una advertencia contra el orgullo autoritario. La ambigüedad del personaje lo convertía en una herramienta maleable para diversos discursos políticos.

El modelo militar del siglo XIX: usos napoleónicos

Durante el Primer Imperio francés, la historia de Coriolano fue leída bajo una clave de liderazgo carismático. Napoleón Bonaparte, quien construía su figura entre el culto al héroe y el temor al pueblo, encontraba en Coriolano un ejemplo inquietante: un general exiliado por su propio pueblo, que regresa con fuerzas enemigas.

Esta tensión no era sólo narrativa, sino estratégica: reflejaba las fragilidades de los regímenes que dependían del favor popular sin mecanismos democráticos sólidos. En este contexto, Coriolano se volvió incómodo por lo que representaba: la posibilidad de que el líder, despreciado por las masas, se convirtiera en su peor amenaza.

Relectura totalitaria: el siglo XX y la figura del líder traicionado

Durante el Tercer Reich, la figura de Coriolano fue recuperada para reforzar la narrativa del líder incomprendido, traicionado por la democracia. El personaje fue resignificado como mártir del deber militar y del orden, en oposición al desorden civil. Las puestas en escena mostraban un Coriolano inflexible, virtuoso, víctima de una ciudadanía débil o corrupta.

Este uso revelaba el deseo de justificar el autoritarismo mediante figuras clásicas, otorgando un pasado noble al presente totalitario. En paralelo, su figura también sirvió para reforzar el culto al mando vertical, donde la obediencia sustituía al debate y la virtud era medida por la entrega al poder.

Brecht y la crítica desde abajo: el siglo XX marxista

A mediados del siglo XX, el dramaturgo alemán Bertolt Brecht emprendió un intento de relectura de Coriolano desde una perspectiva marxista. Para Brecht, el personaje no era un héroe trágico, sino el resultado de una desconexión entre la élite y las condiciones materiales del pueblo. No era un mártir, sino un síntoma de una clase dominante que no sabía ceder.

El proyecto brechtiano no se limitaba a reinterpretar la figura, sino a desarmar su construcción dramática: eliminar la identificación emocional, exponer las contradicciones internas del personaje y mostrar cómo el discurso heroico oculta la lucha de clases. Esta versión inacabada apuntaba a politizar el teatro y devolverle su función crítica.

Conclusión: Coriolano como figura dialéctica

A lo largo de los siglos, Coriolano ha sido recuperado por monarquías absolutas, imperios militares, dictaduras fascistas y movimientos marxistas. Ha sido leído como ejemplo de virtud, advertencia contra la democracia, héroe traicionado o síntoma de la desconexión de clase.

En todos los casos, su historia ha servido como reflejo de las tensiones de cada época. La política no sólo se expresó a través de Coriolano, sino que lo convirtió en campo de batalla simbólico. En esa constante relectura radica su poder: no por lo que fue, sino por lo que cada generación necesita proyectar en él.

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Última actualización: 22 de febrero de 2026
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