Mi filosofía del Marketing
Derivado de mis estudios y de la experiencia que he acumulado durante más de 25 años, realizo estudios de personalidad aplicados al Marketing. Mi enfoque parte de una premisa: somos emprendedores y dueños de negocios, y como tales, no todas las técnicas, tácticas y estrategias de Marketing son igualmente aplicables o efectivas para todos. Cada persona, cada negocio y cada entorno posee características únicas que condicionan lo que puede implementarse con éxito.
Con base en estudios de personalidad, he comprobado que algunas estrategias requieren ciertas predisposiciones para ejecutarse con fluidez. No se trata de capacidad técnica, sino de afinidad estructural: lo que a uno le resulta natural, a otro puede resultarle incompatible. Por ello, mi punto de partida no es imponer una técnica universal, sino evaluar primero las condiciones personales y estructurales del emprendedor y su negocio. A partir de esa evaluación, diseño estrategias que sean viables, sostenibles y cómodas de aplicar.
A diferencia del estoicismo moderno, que exalta la virtud del esfuerzo como camino al éxito, yo creo en una vía más epicúrea: en alcanzar un nivel óptimo a través de un Marketing cómodo. Defiendo el concepto de ataraxia (ausencia de turbación) y aponia (ausencia de sufrimiento físico), y considero que el Marketing no debería ser una carga. No creo que la virtud esté en el sufrimiento, sino en su ausencia. Por ello, sostengo que un modelo mínimo puede ser suficiente. Y si se desea crecer, ese crecimiento debe ser armónico, sin violencia contra el sistema personal o profesional del emprendedor.
Este modelo no es arbitrario: surge de un análisis de personalidad, de las características del emprendimiento, del estilo del emprendedor y de la estructura del negocio. Hago una lectura de fuerzas del mercado y del entorno: identifico vectores y convergencias, leo tensiones y oposiciones, y diseño estrategias que no luchan contra la corriente, sino que la redirigen. En vez de resistir la energía contraria, la transformo en impulso estratégico.
Además, observo que muchos de los llamados “indicadores de éxito” no emergen de estrategias aisladas, sino de sistemas complejos. En mi experiencia, el Marketing no es la suma de esfuerzos individuales, sino el resultado de fenómenos emergentes. Desde esta perspectiva emergentista, los resultados no se pueden entender como efectos lineales. Una acción no genera un resultado: es la interacción entre múltiples acciones lo que genera un fenómeno nuevo, irreductible a sus partes.
Por ello, mi filosofía del Marketing se sostiene sobre una visión holística y adaptativa. Esta visión está plasmada en mis libros, en mis conferencias y en mis artículos. En todos ellos planteo que hay dos grandes formas de acercarse al Marketing: la inductiva y la deductiva. La inductiva parte de la práctica —desde la experiencia directa del emprendedor— para descubrir patrones y construir conocimiento. La deductiva, en cambio, parte de la teoría para aplicar modelos estructurados. Ambas son válidas, y en mi metodología, pueden convivir.
Creo que el Marketing es, por naturaleza, emergentista. Que las fuerzas del mercado pueden redirigirse estratégicamente mediante principios del Marketing Aikido. Que alcanzar indicadores de éxito no debería ser un camino de sufrimiento, sino de gozo. Y que, bajo la lógica del Marketing del Jardín, con tintes cínicos y epicuristas, el camino correcto no es el más glamoroso, sino el más amable, el que requiere menos fricción y más conciencia.
Este marco teórico, en su conjunto, me permitió desarrollar una taxonomía propia. Una red de clasificación inspirada en los estudios de Carl Jung y de Myers & Briggs, con la que he creado una lista de categorías y avatares para caracterizar a los emprendimientos y, sobre todo, a los emprendedores. El resultado es un modelo con 21 categorías distintas, que me permiten definir con precisión qué tipo de estrategias son más naturales, más efectivas y más sostenibles para cada tipo de emprendedor.