Mi manifiesto del marketing

Hacemos marketing porque el capitalismo nos orilló. No porque soñáramos con aprender sus códigos, sino porque entendimos que, sin un lenguaje propio, el mercado nos borra. Para existir en este sistema que gira en torno a la visibilidad, tuvimos que aprender a hablar con sus herramientas. Y así, entre ensayo y urgencia, descubrimos que el marketing no era una estrategia: era una forma de seguir vivos.Desde ahí me dirijo a quienes, como yo, se han visto obligados a sostener una actividad dentro de un mundo que exige presencia, constancia y resultados. Personas que están aprendiendo a nombrarse, a presentarse, a ofrecer lo que hacen. Personas que hacen del marketing una herramienta para continuar, no para destacar; para construir lo mínimo viable que permita sostener sus proyectos sin quebrarse por dentro.

En este camino, he notado que algunos discursos insisten en que todo se resuelve con aguante, que hay que resistir sin mostrar cansancio, que el dolor tiene valor si se traduce en rendimiento, que la autosuficiencia es virtud. Se nos ha dicho que no necesitamos a nadie, que si queremos, podemos, que el sufrimiento es el precio de la grandeza. Pero ese modelo agota. Lo he probado. He intentado convertirme en la imagen de ese ideal. Y lo que encontré fue aislamiento, agotamiento y una creciente sensación de desconexión.

En contraste, encontré otra vía. Una forma de estar que no niega el trabajo, pero lo hace habitable. Que reconoce el deseo como guía y no como amenaza. Que entiende que el placer de hacer bien las cosas, de compartir lo que uno sabe, de colaborar, puede ser también una forma de sostener la vida. Una ética de la suficiencia: hacer lo necesario con claridad, con honestidad, con cuidado. No por debilidad, sino por lucidez.

Desde ahí enseño marketing. Lo entiendo como una herramienta mínima pero poderosa para construir comunidad, para abrir caminos, para que los proyectos no solo existan, sino que se afirmen sin traicionarse. El marketing que comparto parte de una conciencia clara: estamos dentro del capitalismo, no afuera. No venimos a abolirlo, venimos a habitarlo con sentido. A tomar lo que puede ser útil para quienes aún necesitan vender algo sin venderse a sí mismos.

No me interesa prometer fórmulas mágicas ni vender recetas de éxito. Lo que comparto es una práctica estructurada, concreta y viable. Enseño cómo hacer marketing sin dejar de ser uno mismo. Cómo comunicar sin transformarse en un personaje. Cómo crear sin agotarse. Y sobre todo, cómo sostenerse en comunidad. Porque cuando las herramientas son compartidas, se multiplican. Y cuando el relato es honesto, resuena.

Durante años intenté cumplir con las exigencias del modelo dominante. Me entrené para ser incansable, racional, eficiente. Creí que si me volvía invulnerable, sería suficiente. Pero el precio fue alto. Me vi forzado a desatender mis necesidades, a postergar mis deseos, a convertirme en función. Hasta que comprendí que lo que me pedían no era fuerza, era renuncia. Y no quise seguir.

Fue entonces que vi a Coriolano. Y al verlo, me vi. Su historia me reveló las consecuencias de creer que uno puede bastarse a sí mismo. De sostener una identidad construida únicamente desde la exigencia. De intentar vivir sin deberle nada a nadie. En su tragedia encontré mi propio reflejo: alguien que creyó que podía con todo y terminó perdiéndose a sí mismo.

Pero yo decidí otra cosa.

Hoy sigo haciendo marketing, pero desde otro lugar. Desde la conciencia del límite, desde la potencia del deseo, desde la claridad de que una herramienta puede ser soporte y no peso. Hoy construyo con otros. Enseño con otros. Camino con otros. Y comparto lo que sé porque creo que cada persona que aprende a comunicar su proyecto con claridad también aprende a cuidarse un poco más.

Yo soy Coriolano. Fui él en su caída. Fui él en su desvinculación. Pero no quiero ser él en su final. Me niego a terminar solo, envuelto en mi propia armadura. Porque entendí que uno puede enfrentarse a todo, menos a lo que lo constituye.

Contra toda ley, menos la de mi madre.

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Última actualización: 27 de enero de 2026
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